El problema no son las circunstancias,
sino la manera con que éstas se tomen...
Para todos aquellos que, por unos u otros motivos necesitan desconectar de todo, sumirse en su propio yo y explorar recónditos lugares de su mente...ESTE BLOG.
lunes, 20 de abril de 2009
domingo, 19 de abril de 2009
Carta a un amigo muerto
Querida alma en pena,
que te encuentras junto a la sabiduría de la muerte.
Te escribo estas líneas, quizás las últimas de mi vida, mientras la agonía y la angustia se ciernen sobre mí, y los recuerdos de toda una vida junto a ti pasan ante mis ojos como una vieja película dañada por el paso de los años.
Me viene a la memoria nuestra infancia, ya tan lejana, y aquellos juegos en los que retrocedíamos en el tiempo, para ser devueltos a la realidad por los gritos de nuestras madres, al contemplar con sorpresa y enfado nuestra ropa manchada del barro de aquel aljibe al que subíamos a escondidas, y en el que finalmente acabaron con tu vida...
Recuerdo también nuestros días de colegio, y la estricta rectitud con la que los profesores nos enseñaban y formaban día tras día.
¿Y aquellos veranos en los que tener piscina era un lujo del que sólo podían disfrutar los más adinerados? Y pecado sería no mencionar las Semanas Santas, en las que nuestros mayores nos obligaban a rezar y rezar, encerrados en la Iglesia...
Cómo de la infancia pasamos a la juventud sin darnos apenas cuenta, hasta que finalmente no tuvimos más remedio que mirar a nuestro alrededor, donde la miseria y la guerra se empezaban a hacer notar, aunque sin demasiada intensidad todavía. Pero todo aquello pasó, y el brillante sol dio paso a tiempos de pobreza y hambre, en los que los soldados iban blandiendo sus fusiles como hachas en manos de verdugos.
Fueron tiempos de miedo, que merecerían ser borrados de la memoria, y en los cuales hallaste la paz eterna, para ya no padecer más penurias.
El motivo de que esté en estos momentos escribiéndote estas lineas en mi lecho de muerte, quizás no lo conozca ni yo mismo, pero te pido que desde donde estés te acuerdes de mí y me recibas contigo, pues ya noto cómo la muerte se aproxima lentamente, sin poder hacer nada para detenerla. Aunque ciertamente, confieso que deseo fervientemente reunirme de nuevo contigo. Así que, sin más preámbulos, me despediré de mi vida terrenal y de todo lo que un día me unió
a ella.
De tu más leal y confidente amigo...
que te encuentras junto a la sabiduría de la muerte.
Te escribo estas líneas, quizás las últimas de mi vida, mientras la agonía y la angustia se ciernen sobre mí, y los recuerdos de toda una vida junto a ti pasan ante mis ojos como una vieja película dañada por el paso de los años.
Me viene a la memoria nuestra infancia, ya tan lejana, y aquellos juegos en los que retrocedíamos en el tiempo, para ser devueltos a la realidad por los gritos de nuestras madres, al contemplar con sorpresa y enfado nuestra ropa manchada del barro de aquel aljibe al que subíamos a escondidas, y en el que finalmente acabaron con tu vida...
Recuerdo también nuestros días de colegio, y la estricta rectitud con la que los profesores nos enseñaban y formaban día tras día.
¿Y aquellos veranos en los que tener piscina era un lujo del que sólo podían disfrutar los más adinerados? Y pecado sería no mencionar las Semanas Santas, en las que nuestros mayores nos obligaban a rezar y rezar, encerrados en la Iglesia...
Cómo de la infancia pasamos a la juventud sin darnos apenas cuenta, hasta que finalmente no tuvimos más remedio que mirar a nuestro alrededor, donde la miseria y la guerra se empezaban a hacer notar, aunque sin demasiada intensidad todavía. Pero todo aquello pasó, y el brillante sol dio paso a tiempos de pobreza y hambre, en los que los soldados iban blandiendo sus fusiles como hachas en manos de verdugos.
Fueron tiempos de miedo, que merecerían ser borrados de la memoria, y en los cuales hallaste la paz eterna, para ya no padecer más penurias.
El motivo de que esté en estos momentos escribiéndote estas lineas en mi lecho de muerte, quizás no lo conozca ni yo mismo, pero te pido que desde donde estés te acuerdes de mí y me recibas contigo, pues ya noto cómo la muerte se aproxima lentamente, sin poder hacer nada para detenerla. Aunque ciertamente, confieso que deseo fervientemente reunirme de nuevo contigo. Así que, sin más preámbulos, me despediré de mi vida terrenal y de todo lo que un día me unió
a ella.
De tu más leal y confidente amigo...
sábado, 18 de abril de 2009
TODO EN NADA

''Moléstate en buscarme
y me encontrarás''
Resulta increíble la cantidad de cosas que se pueden decir con una simple frase.
A veces, se transmite mucho más con menos palabras.
Además, algunas frases poseen tal valor, que son capaces de adaptarse a cualquier circunstancia, a cualquier situación. No conocen los límites. Para ellas, no existen las fronteras.
''El silencio es el grito más fuerte''
jueves, 16 de abril de 2009
ODA A...
En primer lugar, me gustaría recordar a aquello que como yo, sienten gran admiración por el mito llamado Coco Chanel, que en breves, se estrenará la película en la que se ha tratao d plasmar la...cómo definirla¿?..bueno, la vida de esta leyenda con nombre y apellidos.
En segundo lugar, haré hoy una improvisación (de manera que no juzguéis con demasiada dureza) de oda...a muchas cosas, una en especial que hoy, no sé por qué, vuelve a cobrar importancia en mi mente.
Si te quisiese tener, no te tendría.
Mas como no te ansío, te tengo.
Dulce en ocasiones...
Amargo tras la dulzura
pero sobretodo, presente día tras día
noche tras noche.
Te veo, te noto...
trato de huir,
en vano intento gritar
desvanecerme y alejarme de todo.
Respirar de nuevo
sin ti
Y cuando no te tengo te busco
te lloro y te espero.
¿Cuán grande no serás,
si siendo invisible
eres lo más visible?
En segundo lugar, haré hoy una improvisación (de manera que no juzguéis con demasiada dureza) de oda...a muchas cosas, una en especial que hoy, no sé por qué, vuelve a cobrar importancia en mi mente.
Si te quisiese tener, no te tendría.
Mas como no te ansío, te tengo.
Dulce en ocasiones...
Amargo tras la dulzura
pero sobretodo, presente día tras día
noche tras noche.
Te veo, te noto...
trato de huir,
en vano intento gritar
desvanecerme y alejarme de todo.
Respirar de nuevo
sin ti
Y cuando no te tengo te busco
te lloro y te espero.
¿Cuán grande no serás,
si siendo invisible
eres lo más visible?
miércoles, 15 de abril de 2009
reflexiones...o como se las quiera llamar
Hoy despierto, tarde, pero despierto. Al menos el reloj marca una hora algo más prudente de la que pensaba ver. Trato de recordar...instantáneamente se entremezclan en mi mente cosas, muchas cosas, quizás demasiadas.
La mayoría del vago recuerdo de lo que significa un día completo, por llamarlo de alguna manera.
Estoy en esto cuando reacciono y al fin decido levantarme, al tiempo que mi mente comienza a familiarizarse con un día totalmente diferente al de ayer. Me planteo muchas. Voy, vengo, pero sobretodo sigo planteándome una lluvia de variadas cosas. La debilidad del ser humano, sobretodo. Eso a lo que nosotros denominamos 'fuerza de voluntad' (me gustaría saber quién le puso tal nombre!). Esa fuerza de voluntad que creemos poseer, pero que se esfuma ante nosotros cuando más la necesitamos, cual espejismo proyectado ante un desierto.
A pesar de todo, quizás en algunos precisos momentos no esté de más aparcar un poco esta...fuerza de volutad (¿?) y dejarnos llevar por la agobiante pero a la vez entusiasta multitud.
Sí, me planteo yo hoy ésta y un sinfín de cuestiones más...la verdad¿?cada cual que busque la suya propia, o la adapte. Al final, la única verdad que realmente prevalece es que la decision es de cada uno de nosotros, sea cual sea el problema a plantear.
Os dejo con una frase preciosa que, en una ocasion escribí...¿cuando? un día cualquiera, supongo que uno de esos días en los que sale a la luz nuestra vena filosófica...¿dónde?como D. Quijote bien dijo: en un lugar (...)de cuyo nombre no quiero acordarme...
*Algo que de verdad has apreciado nunca llegas a perderlo del todo*
La mayoría del vago recuerdo de lo que significa un día completo, por llamarlo de alguna manera.
Estoy en esto cuando reacciono y al fin decido levantarme, al tiempo que mi mente comienza a familiarizarse con un día totalmente diferente al de ayer. Me planteo muchas. Voy, vengo, pero sobretodo sigo planteándome una lluvia de variadas cosas. La debilidad del ser humano, sobretodo. Eso a lo que nosotros denominamos 'fuerza de voluntad' (me gustaría saber quién le puso tal nombre!). Esa fuerza de voluntad que creemos poseer, pero que se esfuma ante nosotros cuando más la necesitamos, cual espejismo proyectado ante un desierto.
A pesar de todo, quizás en algunos precisos momentos no esté de más aparcar un poco esta...fuerza de volutad (¿?) y dejarnos llevar por la agobiante pero a la vez entusiasta multitud.
Sí, me planteo yo hoy ésta y un sinfín de cuestiones más...la verdad¿?cada cual que busque la suya propia, o la adapte. Al final, la única verdad que realmente prevalece es que la decision es de cada uno de nosotros, sea cual sea el problema a plantear.
Os dejo con una frase preciosa que, en una ocasion escribí...¿cuando? un día cualquiera, supongo que uno de esos días en los que sale a la luz nuestra vena filosófica...¿dónde?como D. Quijote bien dijo: en un lugar (...)de cuyo nombre no quiero acordarme...
*Algo que de verdad has apreciado nunca llegas a perderlo del todo*
lunes, 13 de abril de 2009
Memorias
Nadie me adviritió jamás de los peligros de adentrarse en el propio yo.
Tampoco del empinado y rocoso sendero de la hipocresía y la vanidad.
Aún menos del impasible ego, de corazón duro como la piedra, de una frialdad inimaginable, enmascarada bajo una fina y delicada máscara de sencillez.
Hasta que un día, por decirlo de alguna manera, esta máscara se rompe y se vuelve a nacer.
Es entonces cuando se comienza a vislumbrar en la oscura soledad, una tenue y sutil luz, capaz de avergonzarte y además, ofrecerte lo que antes creías poseer: felicidad.
Tampoco del empinado y rocoso sendero de la hipocresía y la vanidad.
Aún menos del impasible ego, de corazón duro como la piedra, de una frialdad inimaginable, enmascarada bajo una fina y delicada máscara de sencillez.
Hasta que un día, por decirlo de alguna manera, esta máscara se rompe y se vuelve a nacer.
Es entonces cuando se comienza a vislumbrar en la oscura soledad, una tenue y sutil luz, capaz de avergonzarte y además, ofrecerte lo que antes creías poseer: felicidad.
domingo, 12 de abril de 2009
Algunos recuerdos nunca mueren
Ana se recostó en en su mullido sillón estampado y entornó sus dulces y claros ojos, al tiempo que los últimos rayos del sol acariciaban suavemente su rostro, marcado con profundas arrugas que sin embargo no la envejecían en absoluto sino que le proferían un cierto aire de ternura y una extraña belleza que sin duda en su día debió ser deslumbrante y resplandeciente.
Era un atardecer maravilloso, digno de ser captado por el pincel de un pintor y grabado para la posteridad. Daba la sensación de que estaba durmiendo tranquilamente, con un sueño muy profundo. Pero no era así.
Simplemente estaba recordando. Pero despierta. Su mente ya no estaba allí.
Se había trasladado 54 años atrás en el tiempo, cuando ella contaba tan sólo con 16 años, y era una jovencita alta, delgada con una larga melena rubia y ondulada que le caía sobre la espalda.
Se encontraba en la plaza de su pueblo, escondida en un pequeño callejón que quedaba fuera de la vista de las personas que pasaban por allí. En su semblante se reflejaba gran nerviosismo, y sus enormes ojos miraban a un lado y a otro sin parar. Esperaba impaciente la llegada de David, un amigo suyo de toda la vida, pero que en los últimos meses se había convertido en algo más que un simple amigo. Había surgido entre ellos dos un amor que, quizás inconscientemente, habían estado ocultando en lo más profundo de su corazón incluso más tiempo del que ellos mismos sospechaban.
El nerviosismo se debía a que en aquellos tiempos estaba muy mal visto ver a una pareja de enamorados tratarse de manera demasiado afectuosa antes del matrimonio.
De repente, apareció un muchacho de buena estatura, moreno, corriendo hacia ella. Cuando llegó, le faltaba el aliento, pero consiguió decirle que que acababa de ver cómo su padrastro asesinaba a su madre, al mismo tiempo que sus ojos se inundaban de lágrimas, pero continuó hablando y le explicó que había sido visto por su padrastro justo cuando se disponía a huir en busca de ayuda, y que en esos momentos, el cruel asesino iba tras él para asesinarle antes de que la gente se percatase de lo sucedido y poder así inculparse de lo hechos.
Tras unos breves segundos, el padrastro apareció por un lado de la plaza, y con los ojos llenos de cólera se dirigió hacia ellos con una pistola en la mano. Los jóvenes intentaron escapar, pero la mano del asesino fue más rápida y las balas alcanzaron a ambos.
En un último esfuerzo, ya moribundos en el suelo, entrelazaron sus manos y se dijeron que ya jamás se verían obligados a ocultar su amor. David le confesó que en realidad, su madre había muerto tratando de defenderle a él, ya que su padrastro se había enterado de que éste se veía a escondidas con una chica, y habían mantenido una gran discusión, ya que le parecía mal el comportamiento de su hijastro.
Los jóvenes se miraron tiernamente y cerraron sus ojos para siempre...
FIN
Era un atardecer maravilloso, digno de ser captado por el pincel de un pintor y grabado para la posteridad. Daba la sensación de que estaba durmiendo tranquilamente, con un sueño muy profundo. Pero no era así.
Simplemente estaba recordando. Pero despierta. Su mente ya no estaba allí.
Se había trasladado 54 años atrás en el tiempo, cuando ella contaba tan sólo con 16 años, y era una jovencita alta, delgada con una larga melena rubia y ondulada que le caía sobre la espalda.
Se encontraba en la plaza de su pueblo, escondida en un pequeño callejón que quedaba fuera de la vista de las personas que pasaban por allí. En su semblante se reflejaba gran nerviosismo, y sus enormes ojos miraban a un lado y a otro sin parar. Esperaba impaciente la llegada de David, un amigo suyo de toda la vida, pero que en los últimos meses se había convertido en algo más que un simple amigo. Había surgido entre ellos dos un amor que, quizás inconscientemente, habían estado ocultando en lo más profundo de su corazón incluso más tiempo del que ellos mismos sospechaban.
El nerviosismo se debía a que en aquellos tiempos estaba muy mal visto ver a una pareja de enamorados tratarse de manera demasiado afectuosa antes del matrimonio.
De repente, apareció un muchacho de buena estatura, moreno, corriendo hacia ella. Cuando llegó, le faltaba el aliento, pero consiguió decirle que que acababa de ver cómo su padrastro asesinaba a su madre, al mismo tiempo que sus ojos se inundaban de lágrimas, pero continuó hablando y le explicó que había sido visto por su padrastro justo cuando se disponía a huir en busca de ayuda, y que en esos momentos, el cruel asesino iba tras él para asesinarle antes de que la gente se percatase de lo sucedido y poder así inculparse de lo hechos.
Tras unos breves segundos, el padrastro apareció por un lado de la plaza, y con los ojos llenos de cólera se dirigió hacia ellos con una pistola en la mano. Los jóvenes intentaron escapar, pero la mano del asesino fue más rápida y las balas alcanzaron a ambos.
En un último esfuerzo, ya moribundos en el suelo, entrelazaron sus manos y se dijeron que ya jamás se verían obligados a ocultar su amor. David le confesó que en realidad, su madre había muerto tratando de defenderle a él, ya que su padrastro se había enterado de que éste se veía a escondidas con una chica, y habían mantenido una gran discusión, ya que le parecía mal el comportamiento de su hijastro.
Los jóvenes se miraron tiernamente y cerraron sus ojos para siempre...
FIN
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